Nacido en Liverpool el año 1949, hijo de un ingeniero, creció en una época que creía profundamente en la técnica, y que parece resurgir aquí y allá, entre otros símbolos, en su obra artística. Inicialmente, nada parecía apuntar a una carrera como artista. Tony Cragg se dedicó a los aparatos y recipientes químicos, y se hizo ayudante técnico de laboratorio. Hoy día, Tony Cragg es un escultor entregado a su profesión en cuerpo y alma. La escultura es su manera de investigar, y de este modo ensambla lo que no siempre estuvo separado. El año 1977, Tony Cragg se traslada a Wuppertal. Muy pronto desarrolla una forma de aglomeración y de enlace que le hace famoso. Recoge y acumula fragmentos de plástico en las orillas de los ríos y en las playas, y los une para formar conjuntos figurativos. En ocasiones son colocados simplemente sobre el suelo, en otras, son presentados como relieves sobre una pared.

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